Echar de menos.
05 de Septiembre de 2017.
He escudriñado las 4 esquinas de esta oficina sin muchas más expectativas que la de asegurarme de que al menos no hubiera nadie observando el modo tan poco acomplejado con el que pierdo el tiempo delante del ordenador. Me he levantado varias veces, he mirado por la ventana y he ido a la cocina de la planta varias veces, la primera a por un café, la segunda para coger una botella de agua y la tercera simplemente por pasearme.
Cuando uno tiene tanto tiempo libre, o cree tenerlo, empieza a reparar en cosas que hasta entonces parecían estar adormecidas en la memoria. Echar de menos era una cosa a la que acostumbraba en el pasado, pero ahora no. O eso creo.
Me he dado cuenta de que con el tiempo he aprendido a no echar de menos las cosas que echo de menos. Encuentro alivio en la idea de que aquello que antes me causaba nostalgia, ahora me sigue causando nostalgia pero no me martiriza. Es una sensación parecida a cuando te tapas la cara con las manos mientras ves una película de terror pero inconscientemente abres los dedos porque te da placer ver que el asesino está a punto de cazar a la víctima, como vivir en un piso bajo y colgar visillos translúcidos para tener privacidad. Algo que sí pero que a la vez es no.
Enzo Goulart.
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